Voto Disidente: El tiempo de las candidaturas LGBTIA+

Voto Disidente: El tiempo de las candidaturas LGBTIA+

01 Abril 2021
Llegó la hora de pasar de las demandas del hombre blanco y gay a un abanico mucho más grande, que da cuenta de las luchas de colectivas feministas y lesbianas, población bisexual, trans, no binaria, intersexual, asexual o arromántica.
Leonardo Jofré >
authenticated user Corresponsal Corresponsal Ciudadano

No hubo marcha o concentración durante el levantamiento social desde el año 2019  que no tuviera una gran cantidad de banderas de la disidencia sexual y de géneros flameando en conjunto con la bandera chilena y la bandera mapuche. Las demandas de las disidencias sexuales han estado desde hace años presente en nuestro país, como lo demostró aquella histórica manifestación en Plaza de Armas durante la Unidad Popular, demandando libertad y seguridad, pero que por sobre todo funcionó -pese a la abierta reacción homofóbica- un ejercicio de visibilización. Visibilizar. He allí, incluso en el 2021, una tarea relevante para un grupo históricamente oprimido, y que debe dar pasos incluso desde sí mismo: pasar de las demandas del hombre blanco y gay a un abanico mucho más grande, que da cuenta de las luchas de colectivas feministas y lesbianas, población bisexual, trans, no binaria, intersexual, asexual o arromántica.

La Convención Constitucional representa un espacio de disputa ineludible. El acto político de presentar alternativas de convencionales constituyentes, pero con el objetivo de ganar: que la representación de las temáticas disidentes provenga de quienes viven con su corporalidad, psiquis y existencia lo que implica pertenecer a las disidencias sexuales y de géneros. Y es que en el Congreso existe, por ejemplo, una “Bancada de la Diversidad Sexual”, donde ningune de sus integrantes se reivindica a sí misme como LGBTIA+. La suplantación ha sido una forma solapada pero clara de exclusión: de lo poco y nada que se habla sobre la temática desde la institucionalidad política no se hace desde una primera persona. Hoy se juega que la nueva Carta Fundamental, es decir, el nuevo pacto social de la comunidad que habita Chile, sea escrita por todes sus protagonistas. 

En ello Rodrigo Mallea, candidate por el distrito 9 para la Convención Constitucional, ha enfatizado en la necesidad no sólo de reivindicarse como disidente sexual, sino también desde una posición política disruptiva y transformadora: 

“El sistema capitalista y neoliberal puede fácilmente integrarnos represivamente, haciendo que lo disidente se normalice y se transforme en una mercancía más. Cuando llegamos a decir que queremos escribir la nueva Constitución desde las disidencias sexuales y de géneros es para que esté presente nuestra voz, el derecho a la igualdad y la no discriminación como base, pero también para que existan derechos sociales para todes, sin exclusión. Porque el buen vivir implica que nunca más se nos discrimine, pero también que nunca nadie más pase hambre, para que nunca nadie más tenga que vivir con una salud y educación para ricos y otra para pobres”. 

Así, la posición política es relevante, pues una disputa interna dentro del mismo movimiento LGBTIA+ se ha fraguado al calor de los debates políticos que también cruzan la sociedad. Pero también lo son los gobiernos locales. La situación pandémica así lo ha demostrado: son el principal actor al momento del contacto, apoyo y trabajo con la comunidad. ¿Cómo se perspectiva, entonces, una candidatura disidente en dichos espacios?

Lorena Olavarría, candidata a alcaldesa por Melipilla, señala que:

“Es importante habitar estos espacios institucionales para promover políticas públicas que vayan en directo beneficio de nuestra comunidad LGBTIQ+, para prevenir la discriminación y la violencia y así también garantizar nuestros derechos humanos como una comunidad diversa”. 

La relevancia de tener una jefatura comunal que viva en carne propia lo que implica ser una persona sexodisidente implica, entonces, generar políticas desde el espacio que se habita, desde donde uno reflexiona y hace, incorporando las realidades de discriminación que por años se han asentado en nuestros cuerpos y vidas. 

De la misma forma, Carlos Pérez, candidate a concejal por San Miguel, señala como objetivo de campaña, “proponer una nueva forma de relación de la gente con el Estado y de las personas entre sí en las comunidades, esto tiene que ver con tener un enfoque comunitario, inclusivo, de género, de diversidad sexual, asociativo e intergeneracional; todos los proyectos que se hagan o se revisen desde esta concejalía deben tener esa mirada”. 

Así, desde la posibilidad de fiscalización de los actos municipales que sostienen las concejalías, resulta clave el poder siempre sostener la perspectiva de género y diversidad sexual, ergo de derechos humanos. 

Desde la constituyente o desde los gobiernos locales, las candidaturas LGBTIA+ llegan a reclamar una institucionalidad que históricamente les ha excluido de los cargos de representación y las políticas públicas. Una deuda histórica por resolver.

 

Foto: Agencia UNO | Huawei