De qué hablamos cuando hablamos de amor

24 Junio 2021
En tiempos de distanciamiento físico y de creciente uso de aplicaciones digitales para las citas y el amor, en Alamedia decidimos preguntar de qué hablamos cuando hablamos de amor.
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Y a quién más que Carolina Aspillada Hesse, Doctora en Psicología, Psicóloga, académica y terapeuta que ha centrado los últimos años de su trabajo en la crítica al amor romántico. Pero para criticarlo primero hay que entenderlo, para ponerle apellidos también, entonces comenzamos por la pregunta más simple: ¿Qué es, para ti, el amor?

“Tiene que ver con el deseo de la otra persona, no solo deseo sexoafectivo o erótico, más genérico, un deseo de cercanía. También con desear que a la otra persona le ocurran cosas buenas y con la entrega de cariño. Entregar expresiones que a la otra persona la hagan sentir querida.” Respondió Carolina. En su cuenta de Instagram (@carolinaaspillaga) comparte una serie de reflexiones y provocaciones asociadas a la idealización del amor, la soltería y la idea del amor romántico. Entonces le preguntamos también por esto último.

Lo define de la siguiente manera: “El amor romántico se entiende como el modelo amoroso tradicional asociado a los vínculos sexoafectivos que se basa en un modelo patriarcal, heteronormado, influido por elementos judeocristianos y que prescribe lo que es estar enamorado y las características que debería tener una relación de pareja. Es un modelo que nos plantea la monogamia como única forma esperable y deseada de vincularse sexoafectivamente, un modelo heterocéntrico y heteronormado en donde aparecen roles diferenciados entre hombres y mujeres respecto a la importancia que tiene el amor y los roles que tenemos que tomar en los vínculos sexoafectivos.”

 

La crítica al amor romántico

Carolina Aspillaga explicó que se trata de un modelo que aspira a la fusión de las individualidades, en donde se espera que vamos a encontrar la felicidad y la intimidad a través de la pareja y se plantea que la finalidad lógica de estar en pareja es configurarse como una relación estable, a largo plazo, exclusiva y que apunte a tener hijos y formar una familia nuclear. El problema, nos comentó, es que esta lógica ha servido para justificar, mantener y promover desigualdades asociadas a los roles de género en el vínculo amoroso, debilitando las relaciones comunitarias en la medida que nos plantea que la relación de pareja es la más importante y por lo tanto debiese estar jerárquicamente por sobre las otras, lo que produce que se dejen de lado otros vínculos como la familia, la comunidad y las amistades. Trata de un modelo que además “promueve la dependencia y la posesión del otro como características inherentes al amar y sirve para institucionalizar la idea de la familia nuclear como lo normal y natural, lo que impacta en nuestra forma de percibirnos y de relacionarnos con las otras personas y el mundo, según como yo me posicione respecto de este modelo amoroso.” Sostuvo Carolina.  

 

La evolución de la idea del amor

“La forma de entender el amor asociado a los vínculos sexoafectivos, está inscrito en elementos históricos, sociales, culturales, y siento que la experiencia de amar es inherente a nosotros como seres humanos pero las formas de expresar el amor, las narrativas en torno al amor, lo que esperamos de los vínculos amorosos y sexoafectivos va cambiando según los momentos históricos. Entonces, antes de que el modelo de amor romántico tuviese la relevancia que ha ido adquiriendo, lo que se esperaba de las relaciones de pareja era muy distinto, no se esperaba que el amor de pareja fuese fuente de felicidad y realización personal, porque incluso antes no era tan importante sentirte enamorado de tu pareja, en un contexto en donde gran parte de los matrimonios se daban por conveniencia.” Explicó Aspillaga.

 

Actualmente y desde hace ya años, tomó fuerza este modelo de amor romántico en que aparece la idea de la fusión, de la entrega, de la pareja como el centro de la existencia y aquello que te va a entregar felicidad. Y esto afecta especialmente a mujeres en el entendido de que la relación de pareja es la que posibilita formar una familia y esto sería culturalmente un eje central en la vida y realización de las mujeres y sus trayectorias de vida. “Sin embargo, hoy este modelo coexiste con valores de un corte mucho más individualista, con ideas como la de la autodeterminación, del derecho a ser felices y la libertad de decidir” planteó Carolina.

 

El activismo feminista y el amor

En las “Claves feministas para la negociación del amor”, Marcela Lagarde introduce varias reflexiones en torno a la identidad de las mujeres y cómo estas se ven cruzadas por el amor, a la concepción occidental del amor, a las ideas de subordinación y dominio que se cuelan en el amor como lo entendemos tradicionalmente, entre otras cosas. Marcela Lagarde es una política, académica, antropóloga e investigadora mexicana cuyo trabajo se desarrolla desde y en torno al feminismo latinoamericano. Si bien no es la única feminista que ha esgrimido esta crítica al amor, en dicho libro se encuentra una cuna importante de esta línea argumental de los feminismos.

En este mismo sentido y siguiendo esta corriente, Carolina Aspillaga comentó: “Hay ciertos grupos y activismos que se encuentran criticando esta forma de comprender los vínculos sexoafectivos, criticando el modelo del amor romántico y cuestionando la posesión del otro asociada a los vínculos de pareja, esta lógica capitalista que muchas veces domina en el modelo de amor romántico. Desde estos grupos, activismos, en particular desde el feminismo se van cuestionando las jerarquías relacionales también, esta idea de que el amor de pareja es por excelencia EL amor, y que la pareja tiene que ser más importante que nuestra familia, nuestros amigues y desde ahí estos grupos que tienen posturas más criticas buscan alternativas al modelo de amor romántico y hacen una crítica a esta hegemonía de cómo entender el amor y el impacto que esto tiene en las personas”.