Una constitución feminista es posible

Una constitución feminista es posible

03 Mayo 2021
Una democracia paritaria y deliberativa, derechos sexuales y reproductivos, educación no sexista, la erradicación de la violencia y el cuidado como principio rector, son algunas de las claves para una constitución feminista.
Natassja de Mattos >
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6 claves para que una constitución sea feminista:

 

1.- Reconocer los cuidados, en tanto principio del Estado y derechos universales


Una constitución feminista establece un Estado Cuidador que sitúa la sostenibilidad de la vida al centro de toda acción y política, considerando el cuidado de las personas, de las comunidades y del medioambiente. Esto pasa por un modelo de desarrollo sostenible, que reconozca la emergencia climática y respete la naturaleza, además de reconocer lo común como principio del cuidado: No se trata solo de responsabilidades individuales y privadas, sino también del Estado y otras unidades de administración. Para que esto sea posible es preciso recuperar la soberanía sobre los bienes comunes, especialmente del agua, estableciendo formas de administración y abastecimiento público que garanticen el derecho al agua para sostener la vida, el desarrollo y cuidado de las comunidades. Implica también el derecho a cuidar y ser cuidada/o en dignidad, reconociendo el trabajo de cuidado y su valor (simbólico y contable), impidiendo que recaiga exclusivamente en las mujeres.

2.- Reconocer los principios de diversidad, pluralidad e igualdad sustantiva y material

Una constitución feminista parte por reconceptualizar “ciudadanía”, comprendiendo en esta todas las identidades que la componen, incluyendo medidas afirmativas para quienes han sido excluidas/os en diversas formas, ya sea negando la ciudadanía o generando escalafones (concretos o culturales) al interior de esta. Se debe reconocer el derecho a la igualdad de todas las personas, de manera sustantiva y material, lo que implica orgánica y garantías institucionales. La igualdad requiere, además, incorporar perspectiva de género para que se genere protección, se considere las diversas experiencias de vida y el reconocimiento de condiciones que la posibiliten. El reconocimiento de la diversidad y la pluralidad pasa, también, por establecer un Estado Plurinacional en que cabemos todas y todos en pleno ejercicio de derechos, incluyendo a los pueblos originarios y poniendo énfasis en los derechos de las mujeres indígenas que son presas de discriminaciones y subordinaciones históricas acentuadas en su condición interseccional.


3.- Establecer una democracia inclusiva, paritaria y deliberativa

Una constitución feminista instaura un sistema democrático participativo, inclusivo, deliberativo y con representación paritaria en cada uno de sus órganos. La presencia paritaria de hombres y mujeres en los espacios de toma de decisiones cambia el imaginario de todas las personas hacia uno en que el poder no encarna en los hombres exclusivamente. Esto debe acompañarse del reconocimiento y garantía del derecho a la participación ciudadana mediante el establecimiento de espacios de consulta (como asambleas, plebiscitos y referendos) deliberativa y vinculante, incluyendo algunos levantados al azar desde la ciudadanía, lo que refuerza el cuidado de las comunidades y el medioambiente, a la vez que viabiliza el principio de diversidad redistribuyendo el poder y convirtiendo al sistema político en uno que escucha la multiplicidad de voces que residen en la ciudadanía (reconceptualizada, como versa el punto 2). 

4.-Garantizar el derecho a una vida libre de violencia y discriminación

Una constitución feminista previene, identifica, repara y sanciona la violencia de género en consideración de toda la que ya han vivido y viven actualmente mujeres y diversidades sexuales. La prevención implica educación, información y medios de comunicación sin violencia simbólica, es decir, sin reproducción de estereotipos y roles de género, a la vez que implica igualdad en torno al empleo y la realización económica, posibilitando la autonomía de todas y todos. En general, los tres puntos anteriores implican la prevención de la violencia de género, del mismo modo que los dos que vienen, pues modifican aspectos de la cultura y el orden social, erradicando el sexismo y con ello los motores de la violencia. Estrechamente relacionado es el derecho a la no discriminación, a la vez vinculado con los principios de diversidad, plurinacionalidad e igualdad. Todos los espacios de despliegue de la vida, públicos y privados, deben prevenir y sancionar la discriminación, pero esto requiere que se comprenda la discriminación por género como un efecto de la sociedad patriarcal y en ningún caso como algo arbitrario.

5.- Garantizar el derecho a una educación universal y no sexista

Una constitución feminista reconoce y garantiza el derecho universal a la educación, a la vez que especifica que esta sea no sexista. Esto significa que no se establezcan diferencias en torno a estereotipos y roles de género entre hombres y mujeres, que se reconozca toda identidad y que los contenidos no reproduzcan lo patriarcal de nuestra sociedad y cultura. Esto último significa prevenir y sancionar conductas machistas, evitar el androcentrismo incluyendo referencias, incidencia y decisiones por parte de mujeres, hombres y disidencias, e incentivar la equidad en todas las materias, disciplinas y contenidos para no reproducir brechas, como es el caso del mayor incentivo a hombres en matemáticas o ciencias, por ejemplo. Al mismo tiempo, para no reproducir violencias de género y emparejar la cancha entre hombres y mujeres se debe establecer una educación sexual integral como parte de todo proyecto educativo, permitiendo que toda persona conozca aspectos clave de la sexualidad, el placer, el consentimiento y la reproducción en tanto opciones que brindan una vida autónoma. Finalmente, se debe mandatar estrictos protocolos de identificación, prevención, reparación y sanción de violencia de género y discriminación por género a la interna de todo establecimiento de educación. 

6.- Garantizar los derechos sexuales y reproductivos

Una constitución feminista reconoce y garantiza el derecho humano a la salud sexual y reproductiva en tanto asunto cotidiano para todas las personas sin excepción y de un enfoque que se utiliza para reivindicar el control sobre nuestros cuerpos, sexualidad y reproducción. Son disposiciones específicas que deben tener mínimos estándares para garantizar la integridad y dignidad de nuestros cuerpos y es, a la vez, un servicio esencial que no puede suspenderse bajo ningún aspecto debido a los efectos y riesgos que conlleva hacerlo, sobre todo en la vida de mujeres y niñas. Partiendo por el derecho al aborto, incluyen también el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva del mayor estándar posible, la libre disponibilidad de información relativa a la sexualidad y sobre prevención de enfermedades de transmición sexual, entre otros que puedes revisar en nuestra colección particular de Derechos Sexuales y Reproductivos: Más que una consigna.